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 Los medios hablan de Cataluña y, algo menos del Ébola; la enfermera afectada, por fortuna, se ha salvado; el cuarto test consecutivo ha dado negativo. 

Quien sale mucho es su hermano y, sobre todo, su marido. En lugar de dar saltos de alegría por la curación de Teresa ponen pilas al megáfono de la protesta y piensan en reclamaciones e indemnizaciones.

La actualidad es ahora el tema las tarjetas opacas, esas con licencia para robar. Y robaron. Desde el gran Rodrigo Rato, cerebro del milagro Aznar, hasta Moral Santín, vicepresidente de Caja Madrid nombrado por Izquierda Unida, que supuestamente cargó 456.500 euros entre 2003 y 2012. En total: 28 consejeros del PP, 15 del PSOE, 4 de IU, 6 de CC.OO y 4 de UGT.
Porque, el tribunal se pronunciará si es o no delito, pero para la sociedad, asfixiada por el paro y la deuda, es robo; pide que salgan todos de sus respectivos partidos; y saldrán, con lo que poco a poco va habiendo depuración por una corrupción, que aflora ahora, que comenzó al final de la segunda legislatura de Aznar y que continuó durante toda la de Zapatero.
Al gobierno actual se le reprocha mucho. Lo que más, el incumplimiento de lo prometido en su campaña electoral. La oposición no sabe como minarlo. Ni el asunto de Cataluña ni el incidente del Ébola lo resquebraja. Ha superado miles de manifestaciones y tiene en su haber la baza ganada a la bancarrota que amenazaba al Estado.

El PSOE va con un pecado original. Con la apariencia de marchar bien, nos engañaba cogiendo pagarés de deuda. Todo era ficticio. No pagaba ni los servicios prestados por empresas particulares. Treinta mil millones, que se abonaron ampliando los prestamos de los mercados. Es la herencia que no quieren oír pero que es difícil olvidar. El día que vuelva a ganar (si vuelve) veremos si saca el pegamín de añadir o la tijera de cortar. Hubiese tenido su oportunidad huyendo hacia delante, poniendo al Gobierno en un aprieto exigiéndole más recortes, menos políticos y con menos sueldo, más cambios, más ahorro, y colaboración en  aclarar el caso de los ERE; así, en llegándoles la hora de gobernar, tendrían el camino abierto y a sus votantes  preparados para asumir que hay que quitarse deuda. En Francia los socialistas están en ello.
Pero no, en lugar de eso protestan por los ajustes del Gobierno, por los gastos que intenta reducir. Llevan en su cabeza seguir con los pagarés hasta la eternidad; pretenden la cuadratura del círculo de reducir el tamaño del pastel, dividirlo en las mismas partes que antes y que los trozos no sean más pequeños. Nadie quiere que el suyo se lo toquen. Ahí están los que más comen, sanidad y educación, protestando siempre porque tienen menos.

La fruta prohibida de IU fue alinearse con los socialistas. Ahora, Podemos, la izquierda pura e inmaculada, no quiere cuentas con esa coalición. Está sola a diestra y siniestra.